Vieneses

Un café con David Bagué

Reconocido lutier, se inició en la construcción de violines a los 12 años. En 2013 le fue otorgada la Cruz de Sant Jordi. Ha construido violines para destacados violinistas como Ruggero Ricci, Leonidas Kavakos o Abel Tomàs.

Soy un artesano que me dedico al arte de hacer violines. La artesanía es la técnica para llegar al arte y el arte consiste en utilizar esta técnica para hacer piezas únicas e irrepetibles.

Desde los 12 años haces violines, ¿de dónde surgió el instinto para crear el primero?

Un día mi padre trajo un violín a casa para ver si alguno de nosotros, mis hermanos o yo, queríamos tocarlo, y acompañar a mi madre que era pianista. Yo lo que quise hacer fue desmontarlo y desde entonces supe que me dedicaría a construir violines. Todavía recuerdo aquel instante de mirar a través del violín y imaginarme una catedral de madera.

Te encuentras en primer línea de los lutieres contemporáneos. ¿Cómo se hace?

Mi manera de concebir instrumentos es la más similar al 1700. Por eso recreo esta sensación de pasado. Intento recoger toda esta acumulación de conocimiento que viene del pasado para poder dar en el contemporáneo este sabor de la esencia y transcendencia de las cosas.

Es la pieza más bella que el hombre ha hecho con madera.

¿Qué opinas del uso de la tecnología como herramienta?

La tecnología es un hecho actual y puntero, pero yo trato de preservarme de esta tecnología para poder mantener el espíritu de como fueron concebidos aquellos primeros instrumentos en su tiempo, por esto, necesito una aproximación a nivel mental profunda y dedicar todo mi tiempo a conocer y leer la madera. Cada trozo de madera es un mapa que te indica que es lo que tienes que hacer.

¿Cuál es tu actitud frente a un nuevo encargo?

Soy una persona inquieta, incansable e inagotable de lo que estoy haciendo. Entro en una catarsis, la cual me lleva a profundizar completamente en mi trabajo. Si me pongo, sigo hasta el final.

¿Crees que tienes una tendencia a evocar el pasado?

Si, yo he intentado utilizar una manera de pensar antigua, una actitud ante el oficio y una manera de hacer las cosas como se hacían antes. En este sentido he marcado sin pretenderlo una tendencia y poner mi trabajo en primera línea.

¿De qué modo implicas al músico en la construcción de su violín?

El músico normalmente no se quiere perder este viaje, quiere estar presente desde la génesis de la creación de un violín, viola o violoncelo, hasta su finalización. Como músico, vivir en directo la sensación y experiencia de este proyecto de vida que es hacer un instrumento para poder tocar con él, es clave. Es una experiencia que vivimos conjuntamente.

A mí la muerte no me asusta. Lo que me da miedo es dejar de hacer violines.

¿Qué sentimiento buscas provocar en el músico cuando recibe su violín?

El instrumento se concibe como una joya y tiene que atraer todos los sentidos y yo, quiero interpelarlo emocionalmente. El primer sentido es el visual o estético: un instrumento de cuerdo tiene que tener un atractivo que captive con su presencia. Después entran en juego, el sentido del tacto y del olfato, y finalmente, el acústico.

Desde los inicios hasta ahora, ¿cómo ha sido tu evolución y relación con la construcción del violín?

Todavía estoy en la búsqueda de algo que no se que es, quiero atrapar el tiempo pasado y esto, es imposible. Cuando hago un instrumento, intento recrear con la mayor exactitud posible un instrumento del siglo XVIII. La construcción de un violín para mi es una persecución de la metafísica. Soy un personaje que juego con el pasado y el presente.

Hay un nuevo resurgir de la artesanía y sus valores. ¿Qué consejos darías a aquellos que emprenden una vía artesanal?

Para mí es un resurgir falso. El artesano es aquel que repite aquello que aprendió cuando era pequeño y lo repite hasta la saciedad, hasta la muerte. Yo recomiendo el conocimiento profundo del oficio, y adentrarse completamente en lo que se está haciendo. El camino de la alta artesanía es el conocimiento. El intelecto es lo que hace un artesano de gran nivel.

¿Cuáles son los aspectos y sentimientos que te ligan a la construcción de un instrumento?

La intuición es la que nos guía en la vida y es necesaria para poder interpretar lo que uno quiere hacer. Hago violines porque es mi modo de expresarme. Apelo a la emoción y la razón para crear una obra de arte con transcendencia. La huella emocional que pongo al hacer el violín podríamos decir que es la clave de que el violín suene bien.

El galardón más querido es cuando el músico coge el instrumento y lo hace sonar.

¿Qué satisfacciones y decepciones has vivido entorno a la creación de un instrumento?

Da muchas satisfacciones, pero también mucho sufrimiento, porque me entrego en cuerpo y alma. Cuando un intérprete quiere que le acompañes en el viaje de la construcción de un violín, te lleva a poner los 5 sentidos. Es un acto de fe que el músico deposita en ti.

¿Algún sueño por cumplir?

Estoy convencido de que ya estoy viviendo mi propio sueño y es maravilloso. Para mí este es el arte de vivir, con todas las luces y sombras que ello pueda comportar.

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