Bocados culturales

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Los Preludios

¿Qué es nuestra vida sino una serie de preludios a una canción desconocida cuya primera nota solemne es la que hace sonar la muerte?

Franz Liszt

 (Raiding, Hungría, 27 de octubre de 1811 – Bayreuth, Alemania, 31 de julio de 1874)

Los orígenes de Los preludios no están claros. Originalmente era una composición para coro masculino y dos pianos que Liszt empezó a escribir durante un viaje por Francia, España y Portugal en 1854. Los primeros esbozos formaban parte de un ciclo coral llamado Los Cuatro Elementos.

El título parece provenir de un poema de Alphonse de Lamartine que, según algunas fuentes, Liszt leyó en Marsella, aunque, según otros estudiosos, no guarda ninguna relación.

Este poema sinfónico fue el primero que se interpretó en público de la serie de 13 que Liszt escribió y que fue considerada una nueva forma de escribir música. Un poema sinfónico es una composición en un solo movimiento que describe imágenes, caracteres, paisajes o estados de ánimo.

En cierto modo, la base de este género la vislumbró Beethoven en el prefacio de la Sinfonía Pastoral, cuando escribió: «Más la expresión del sentimiento que dibujarlo». Y Liszt exclamaba: «Más que describir una imagen, lo que intento es mostrar la emoción que me produce esa imagen».

Liszt afirmaba: «Más que describir una imagen, lo que intento es mostrar la emoción que me produce esa imagen».

Este poema, que se estrenó en 1855 y fue el único que tuvo éxito, se puede considerar como una autobiografía musical donde el autor nos muestra el desarrollo de un hombre desde la primera juventud hasta la madurez.

Por suerte, Liszt nunca supo que los nazis utilizaron una parte de Los preludios entre 1944 y 1945 como tema oficial de su noticiario propagandístico German Weekly Newsreel Service, una especie de Nodo nazi.

Como gran improvisador que era, con este tipo de obras creaba una melodía que se repetía muchas veces cambiando el ritmo, las notas, la velocidad o la manera de interpretarla.

Su faceta más conocida fue la de virtuoso del piano. En sus conciertos, a la manera de una estrella del rock, provocaba escenas de explosiones emocionales en sus seguidores, situación que se ha descrito con el nombre de lisztomanía.

Durante un viaje a España, visitó a uno de los grandes especialistas en Bach, que le pidió que interpretara al piano la Fantasía y fuga en sol menor. Liszt tocó tres versiones improvisadas, con la siguiente explicación: «He tocado la primera versión tal como Bach lo habría hecho, la segunda, como yo la entendía, y la tercera, como la habría interpretado para deslumbrar al público».

Como anécdota cabe destacar que Franz Liszt, paradigma del músico romántico, dio un concierto a los doce años y entre el público se encontraba Beethoven, quien al acabar el concierto lo abrazó, cosa muy extraña en él.

Franz Liszt dio un concierto a los doce años y entre el público se encontraba Beethoven, quien, al acabar el concierto, fue a abrazarlo.

Y hoy en día, ¿qué ha quedado de toda esta música? Pues, por ejemplo, la Rapsodia húngara n.º 2 para piano y orquesta se ha utilizado en numerosas bandas sonoras de películas, como en Shine (1996); en The Cat Concerto, con Tom y Jerry (1947); en el Convict Concerto, del Pájaro Loco (1954); en la Rhapsody Rabbit, de Bugs Bunny (1946); en ¿Quién engañó a Roger Rabbit? (1988), con el pato Donald y el pato Lucas; en Si yo fuera diputado (1952), de Cantinflas, o en Animaniacs: El deseo de Wakko (1994).