Inspiración por Europa

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Café Odeon

Cuna de debates sociales, artísticos, políticos y científicos.

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El café Odeon de Zúrich fue inaugurado el 1 de julio de 1911. Ahora, con más de un siglo de vida, es una institución que ha perdurado en el tiempo y que se ha convertido en un reflejo de la historia de la ciudad.

Los primeros clientes del café quedaron maravillados por su estética art nouveau y porque, además de ser un café, el establecimiento contaba con una pastelería propia en la planta baja y una sala de billar en el primer piso. La apertura estuvo a cargo del restaurador de Múnich Josef Schottenhaml, que dirigió el café Odeon durante muchos años y conoció a las diferentes personalidades que en aquella época pasaban por el local. Entre los clientes más destacados de sus primeros tiempos (1915) se encontraba el escritor irlandés James Joyce, que pasó muchas horas en el establecimiento durante los 5 años que vivió en la ciudad.

En 1916, el café era el escenario de largas conversaciones y discusiones que tenían como protagonista el dadaísmo, un movimiento cultural y artístico que nació entonces en la misma ciudad de Zúrich. Sus máximos exponentes, Hugo Ball y Tristan Tzara, solían debatir en las mesas del Odeon sus ideas contrarias a todo lo convencional y establecido.

Las paredes del café fueron testigos de las conferencias que Albert Einstein impartía a sus alumnos.

Pero, además del movimiento dadaísta, el café también fue un punto de encuentro asiduo de científicos, entre los cuales se encontraba Albert Einstein. El popular físico era un gran aficionado a impartir conferencias a los estudiantes del Swiss Federal Institute of Technology en una de las salas del café.

Durante los años veinte, el Odeon revolucionó la manera de servir el champán en los cafés. Hasta ese momento, siempre se había servido en botella, pero el café Odeon empezó a servir la bebida en una copa. De ese modo, todos los clientes podían permitírsela, ya que no tenían que asumir el importe total de una botella completa.

El café Odeon fue el primer establecimiento de Zúrich en servir el champán en copas.

Pero a principios de los años setenta, la zona de Bellevue, donde se encuentra el café Odeon, sufrió una fuerte decadencia. Los ciudadanos que tenían problemas de drogadicción o alcoholismo y que se habían quedado sin hogar solían encontrarse en esta zona. Por eso, el café tomó ciertas precauciones: se limitó el acceso a una única entrada y se incorporaron medidas de control. Después de esa época, el interior del café se renovó para que recuperase la esencia gloriosa de su nacimiento.

En la actualidad, resulta impensable imaginarse Zúrich sin el café Odeon. Clientes de todas las edades y procedencias visitan el local para disfrutar de un rato de descanso entre las paredes centenarias de un establecimiento que sigue lleno de vida.

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En los años anteriores a la Primera Guerra Mundial, se dice que los clientes podían pasar toda la noche en el Odeon y es que allí el toque de queda pasaba desapercibido. Por aquel tiempo, en el café se podían leer numerosos diarios que informaban de la actualidad internacional; en las mesas, rodeadas de humo de tabaco, se jugaban largas partidas de ajedrez y de cartas. Incluso el coronel Wille, el recién nombrado general del ejército suizo, acudía al café para jugar a las cartas.

Así fue como el Odeon se convirtió, hasta el comienzo de la II Guerra Mundial, en un punto de encuentro de personas de la élite intelectual, política y social que huían del fascismo de Europa.

Una vez pasadas las dos guerras, el café siguió siendo un lugar de reunión de las generaciones más jóvenes, que proyectaban un nuevo escenario económico.