Inspiración por Europa

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Café New York de Budapest

La esencia de un hotel de la belle époque.

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El Café New York de Budapest se inauguró el 23 de octubre de 1894 como cafetería del hotel New York Palace, un emblemático edificio que la compañía de seguros New York encargó construir al arquitecto Hauszmann Alajos.

Cuenta la leyenda que el popular periodista y escritor húngaro Ferenc Molnár, el día en que se inauguró el café, tiró las llaves al Danubio para que quedara abierto para siempre. Un deseo que no está lejos de la realidad, puesto que, tras más de 120 años de historia, sigue latiendo con fuerza.

En el mismo edificio se encontraban las oficinas de los periódicos más prestigiosos de la ciudad.

Las paredes de este café han visto pasar a conocidos escritores, políticos y artistas húngaros. Entre los más famosos destaca el ya mencionado Ferenc Molnár y el escritor Dezso Kosztolányi. El motivo principal es que, durante los primeros años de vida del café, a comienzos del siglo xx, en el mismo edificio estaban las oficinas de los periódicos más prestigiosos de la ciudad. Por eso, el café se convirtió en un punto de encuentro de periodistas y editores.

En los años cuarenta, el café fue testigo de la ocupación de la ciudad por la alemana nazi y de la entrada de los soviéticos. Después, el edificio del New York Palace fue requisado por las nuevas autoridades socialistas y cayó en la más absoluta decadencia; se degradó hasta tal punto que tuvo que cerrar para ser restaurado.

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El café New York volvió a abrir en 1954 bajo el nombre de Hungária, pero tuvo que esperar a 2006 para recuperar su nombre y su esplendor original.

En la actualidad, el café conserva la decoración inicial, caracterizada por techos muy altos, lámparas de araña, altas columnas y frescos de Gusztav Mannheimer y Ferenc Eisenhut, una atmósfera que te sumerge en el fascinante mundo de la belle époque. Es recomendable visitarlo para almorzar o merendar y saborear una taza de chocolate caliente, acompañada de una selección de pasteles húngaros.

El café no sólo es conocido por el sabor exquisito de sus dulces, sino también por ser uno de los más bonitos del mundo. ¡Así que, si vais Budapest, entrad en el café New York y descubrid por vosotros mismos si se merece ese título o no!