Vieneses

Un café con Pep Bernadas

Antropólogo curioso que vive sumergido en la aventura de conocer el mundo a través de los viajes.

“Nací hace 64 años en Gironella. Concibo el viaje como un medio para hacer preguntas y obtener respuestas. Viajar no tendría que ser nunca una finalidad en sí, sino un vehículo para crecer y enriquecernos personal y culturalmente.”

Dinos cuál es tu rincón de Europa favorito.

Me resulta complicado elegir sólo un rincón de Europa. La capacidad de aprendizaje es infinita y creo firmemente que podemos aprender en cualquier lugar y momento. Ahora bien, pensando en experiencias vividas recuerdo cuando estuve al sur de la península de Istria, en Croacia, navegando y viendo cómo se movían las montañas de los alrededores, una sensación inexplicable.

Si tuvieses que elegir un plato europeo, ¿cuál sería?

Para mí, el mejor plato europeo es el que está hecho con ingredientes básicos, genuinos, humildes y, sobre todo, elaborado con delicadeza, amor y sin procesar. Me fascina la capacidad de percibir todos los ingredientes de un mismo plato e identificar en ellos el sabor y el aroma de su origen, y sentir la conexión con la tierra; y es que, como decía el escritor y periodista Josep Pla, “la cocina es el paisaje metido en la cazuela”.

¿Con qué persona compartirías ese plato?

Compartiría el plato con las personas que tengo a mi alrededor, con los de casa y los amigos, la gente que quiero. Y me gustaría hacerlo en una mesa de dos, para compartir la vivencia en una relación “de tú a tú”, porque cuando se hace en grupo la relación con las personas se diluye y prefiero apreciarla al cien por cien.

Tu plato favorito de Viena es…

Mi plato preferido del Viena es el Cevapcice, la ternera picada en la que puedes percibir las especias aromáticas, la cebolla y el queso. Suelo ir al Viena de las Ramblas cuando salgo tarde de una reunión y me apetece comer tranquilo sin tener que preocuparme de cocinar después.

Tenemos que reivindicar más la cultura de la sonrisa.

¿Cuál es el mayor descubrimiento que has hecho en un viaje?

Sin duda, las personas. El mundo está formado por personas, en un viaje conoces a una persona y ésta se puede quedar para siempre en tu vida. En mi casa teníamos colgado un gran mapa del mundo y mis hijas descubrían los diferentes lugares a través de las personas que venían a verme.

¿Qué o quién crees que te ha traído hasta donde estás hoy?

Estoy aquí gracias a varias elecciones que he ido haciendo a lo largo de mi vida. Ha sido la suma de todas esas decisiones que he tenido la suerte de poder tomar, la que me ha llevado a estar hoy donde estoy y ser quien soy. Como dicen, la vida es como la corriente de un río, hay una presa que te limita, sabes que no puedes pasar de ahí, pero tienes la libertad de moverte por dentro de ella.

¿Tienes la sensación de que te queda algo por hacer?

Viajar. Como he dicho antes, la capacidad de aprendizaje es infinita, tan infinita como cada uno de los lugares y las personas de este mundo, y que podríamos conocer viajando.

¿Qué te despierta una sonrisa?

Una sonrisa siempre despierta otra sonrisa. Creo que tenemos que reivindicar más la cultura de la sonrisa, cuando lo hacemos contagiamos a los demás y los invitamos a sonreír con nosotros.

Me imagino haciendo lo mismo que hago ahora, trabajando para Altaïr como proyecto para hablar del mundo a través de los viajes.

¿Qué te impulsó a montar Altaïr?

La iniciativa nació en 1979. Mi afición siempre ha sido coleccionar libros de viajes y tenía la inquietud de compartir mis experiencias con otras personas. Fue así como, junto a Albert Padrol, creamos Altaïr bajo la voluntad de abrir una puerta al mudo y compartir conocimiento. El viaje era para nosotros un espacio privilegiado que nos permitía ofrecer una visión de 360º: conocer, tocar, oler, vivir…

¿Por qué Barcelona y no cualquier otro lugar del mundo?

Soy de Gironella y vivo en Arenys. Cuando creamos el proyecto lo hicimos en un local de El Raval de Barcelona porque creemos que éste había de ser su sitio. Este es el mundo con el que estamos conectados, es nuestro territorio, donde tenemos la familia, la lengua y los valores que compartimos con el entorno sin pensarlo.

¿Qué haces cuando no estás en Altaïr?

Leer, hacerme preguntas, buscar respuestas… A veces mi familia me pregunta: ¿sigues trabajando? Pero es que para mí Altaïr, ligado a mi afición por la lectura y las ganas de conocer mundo, nunca ha sido un trabajo. No considero que Altaïr acabe debajo las paredes del local de Gran Via, siempre leo y pienso en el proyecto inconscientemente, porque esto es lo que me apasiona. Altaïr es mi pasión y es el que seguiría haciendo aunque no cobrara.

¿Dónde te imaginas dentro de 10 años?

Me imagino haciendo lo mismo que hago ahora, trabajando para Altaïr como proyecto para hablar del mundo a través de los viajes. Esto es todo lo que me gusta hacer. El pasado mes de julio volvimos a la edición en papel, publicamos un magazine de cultura viajera, historias humanas y crónicas periodísticas que me gustaría que perdurase para seguir explicando diferentes destinos. También me imagino trabajando en el mismo espacio Altaïr de la Gran Vía, en Barcelona, para continuar aprendiendo y compartiendo vivencias con otros viajeros.

Para más información puedes consultar la web de Altaïr