Inspiración por Europa

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Oporto

La ciudad con nombre de vino.

Es una de las pocas ciudades cuyo nombre tiene sabor. Nada más pronunciarlo, el paladar se llena con el dulzor típico del vino que ha situado a esta capital portuguesa en la cima de los destinos gastronómicos. Oporto, en el norte de Portugal, es la capital del vino dulce más famoso de Europa, la ciudad donde se ubican las bodegas en las que el caldo del mismo nombre envejece hasta lograr ese característico sabor meloso que tanto gusta y que acompaña las sobremesas de medio mundo.

Las bodegas se concentran en Vila Nova de Gaia, zona de Oporto situada al otro lado del río Duero, que se funde con el océano Atlántico. Es justo en sus orillas donde se encuentran los viñedos de donde salen las uvas para producir el clásico vino de Oporto. En el río también navegaban los llamados rabelos llenos de barricas, los barcos históricos que surcaban las aguas del Douro (en portugués) y que aún se conservan con fines turísticos.

Pero no solo de vino dulce vive Oporto. El éxito de la marca del caldo se debe también al carácter de los portuenses. Para describirlo, nada mejor que recurrir a un viejo refrán portugués que dice: “Oporto trabaja, Braga reza, Coímbra estudia y Lisboa gasta el dinero”.

Excelente definición de los habitantes de esta capital que presumen de su pasado burgués. La historia cuenta que los nobles no eran bien vistos por estas tierras, ya que en Oporto no había tiempo para los excesos típicos de la clase alta, ni para fiestas ni derroches. En la ciudad solamente se trabajaba y comerciaba para ganar dinero.

Oporto trabaja, Braga reza, Coímbra estudia y Lisboa gasta el dinero.

Un puerto siempre activo y un río navegable como el Duero, perfecto para el transporte de mercancías… eran los ingredientes perfectos para favorecer el desarrollo de industrias como la viticultura, la textil y la pesca, entre otras.

Ese carácter trabajador sigue latiendo en la ciudad. Basta con un vistazo para percibir que Oporto no es urbe de grandes palacios ni cuna de ilustres apellidos. Para ver grandes monumentos no queda más remedio que mirar a la catedral de Nuestra señora de la Asunción, “la Sé do Porto”, un buen ejemplo del arte románico. Se recomienda recorrer las bellísimas iglesias barrocas y neoclásicas que salpican la ciudad, muchas de ellas con sus típicas fachadas revestidas de azulejos. También resulta imprescindible contemplar la barroca torre de los Clérigos, con un mirador a 80 metros de altura, al que se puede subir escalando sus 240 escalones.

Pero lo que define a Oporto son sus pequeños detalles: las callejuelas estrechas, empinadas y retorcidas en las que sus habitantes siguen sacando la ropa a secar al balcón; los tranvías históricos, que siguen circulando por los viejos raíles, y los adoquines centenarios.

Ese aroma a viejo es visible no solo en las calles y en las fachadas, sino también en sus establecimientos y costumbres. Por ejemplo, el mítico café Majestic (calle Santa Catarina, 112), un café conservado tal y como era originalmente en 1921, cuando abrió sus puertas para consagrarse como un referente de las tertulias de los intelectuales. Hoy en día, el Majestic sigue siendo un destino obligado para tomar un café con un delicado “sublime de cacao”. Otro ritual típico es comprar un libro en la majestuosa librería Lello (calle de As Carmelitas, 24), una catedral de los libros inaugurada en 1906 y catalogada como una de las librerías más hermosas del mundo por sus estantes de madera tallada y su imponente escalera roja de formas onduladas.

También decadente, pero a la vez delicioso, es el Mercado do Bolhao, donde los portuenses siguen comprando en los viejos puestos de frutas y verduras o de carne, y donde se pueden encontrar panes típicos de la ciudad como la broa, un pan parecido a la brona gallega pero mucho más jugoso. En el mercado también encontramos puestos de bacalao, aunque el mejor lugar para degustar este pescado es a las orillas del río, donde lo encontraremos expuesto, secándose al sol.

La ciudad también es escenario de cultura. En ella encontramos la Fundación Serralves, sede del Museo de Arte Contemporáneo de Portugal. Visitarla supone pasear por sus jardines, deleitarse con sus exposiciones y degustar un buen plato de pescado en su restaurante. Otro edificio cultural es la Casa de la Música, una joya de la arquitectura de la ciudad que se construyó entre 1999 y 2005. En la actualidad, este edificio es la sede de las tres orquestas de la ciudad: la Orquestra Nacional do Porto, la Orquestra Barroca y el Remix Ensemble.

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No se puede cerrar un tema dedicado en Oporto sin mencionar sus puentes, aproximadamente media docena, que atraviesan el Duero. Pero la mirada se centra siempre en uno de ellos, el puente de acero de Don Luis I que construyó el mismísimo Gustave Eiffel, el ingeniero que diseñó la gran torre de París. Al contemplarlo se hace evidente otro dicho: “En Oporto lo decadente es casi casi un arte”.

¡Conoce como sobrevivir en Oporto!

Para más información puedes consultar la web de la Oficina de Turismo de Oporto.

LAS CLAVES DE ESTA CIUDAD:

Un libro

Harry Potter. Su autora, J. K. Rowling, era una profesora inglesa que se trasladó a vivir a Oporto. La librería Lello y el café Majestic son dos lugares que frecuentaba y que la inspiraron en la redacción del primer libro de la saga.

Un personaje

Álvaro Siza es un arquitecto nacido en Matosinhos (Oporto). Su trayectoria destaca por haber desarrollado proyectos de renombre como la Fundación Serralves de Oporto o el edificio Schlesisches Tor de Berlín, inspirado en la obra de Gaudí.

Un lugar

No se puede abandonar la ciudad sin visitar la Casa de la Música de Rem Koolhaas. Situado en el centro de la rotonda de la avenida Boavista, es un edificio con una forma muy curiosa que supuso nuevos retos para la ingeniería.

Una canción

La ciudad se siente orgullosa de tener uno de los equipos deportivos más fuertes de Portugal: el FC Oporto. Por eso no es de extrañar que su himno se haya convertido en una de las canciones insignia de la ciudad.

Un plato

La franceshina, un sándwich de pan de molde tostado, relleno de embutidos y carne, cubierto con queso gratinado y bañado en salsa picante.

Una fiesta

La gran fiesta de la ciudad es la Fiesta de San Juan, que se celebra la noche del 23 de junio. Durante la fiesta se reúnen personas de todas las edades a lo largo del río, desde la Baixa hasta Foz. ¡Recorrer la ciudad ese día es disfrutar de música, comida y mucha diversión.