Inspiración por Europa

Viaja y sueña: descubre los puntos de encuentro del continente y explora las huellas de su historia con una nueva mirada.

Dubrovnik

Fortaleza a orillas del Adriático

Dubrovnik es un regalo envuelto en piedra. Uno de los puertos más importantes del Mediterráneo, influencia que se percibe en la forma de ser de su gente y como no, en su gastronomía. Escala habitual de cruceros y yates. Tierra codiciada, víctima de una historia llena de saqueos, incendios, epidemias, invasiones y terremotos. Todo esto, sin olvidar los recientes bombardeos de 1991, cuando el ejército serbio en pleno conflicto de los Balcanes, destruyó parte de la ciudad. El conflicto de los Balcanes acabó en 1995 y el gobierno croata, junto con ayuda internacional, trabajó para restaurar la localidad y recuperar su belleza original. Y así fue, la antigua república de Ragusa revivió con fuerza demostrando que, pase lo que pase, siempre será “la perla del Adriático”.

Conocida como “la perla del Adriático” alberga más de trescientos monumentos.

¿Cuál es el origen de ese apodo? Su belleza, indiscutible. La ciudad cuenta con más de trescientos monumentos censados, entre ellos palacios, iglesias… También nos fascina su casco antiguo peatonal y encerrado entre unas sólidas murallas originales del siglo XIV de más de dos kilómetros, está protegido por la Unesco.

Las continuas y obligadas restauraciones son las responsables de ese aspecto impecable. Todo es igual que en las postales pero aquí no hay retoque: brillan las baldosas de mármol pulido (que se convierten en una trampa resbaladiza cuando llueve) y las fachadas de piedra blanca resplandecientes. También son curiosos esos tejados de color rojo azafrán intenso donde no hay ni una sola pieza fuera de sitio; esas ventanas llenas de buganvillas donde la ropa tendida sigue siendo toda una seña de identidad; esos callejones, llenos de arcadas y escalinatas, muchos de ellos sin salida; y esas higueras al final de las empinadas calles que llevan a la muralla por la que se puede pasear.

Toda la Dubrovnik intramuros es un monumento y… ¡un plató!. Muchas escenas de la serie “Juego de Tronos” han sido rodadas en esta localidad, cuya silueta ya se identifica con el Desembarco del Rey, capital del reino de los malvados Lanister.

Pero no todo es belleza. A veces pasear por estas calles puede convertirse en una auténtica locura. Esto sucede especialmente en verano cuando los cruceristas desembarcan en masa e invaden la Plaça, la calle principal presidida por la torre del curioso reloj veneciano que marca las horas con una sola aguja. En temporada alta, contemplar el renacentista palacio de Sponza y el del Rector, entrar en el convento dominico, o sentarse a rezar la iglesia de San Blas, puede ser una pesadilla que enfada mucho a los locales. Sus habitantes se quejan de que no pueden rezar mientras los turistas fotografían auténticas obras de Tiziano Y Rafael. Cabe recordar que Croacia es un país católico y muy religioso, donde no sorprende encontrarse con monjas por la calle. Se dice que en la ciudad llegó a haber ¡ciento treinta iglesias!.

Son los ragusianos (gentilicio con el que se conoce a los habitantes de Dubrovnik en referencia al a antigua república de Ragusa) quienes más sufren esta llegada. Por eso las terrazas tienen todas sombrillas gigantes, otro de los iconos de Dubrovnik. ¡Ojo! No son para proteger a la gente del sol: curiosamente son escudos pensados para frenar el agua de los cubos que los vecinos arrojan a la calle en señal de protesta por los ruidos y el barullo intempestivo. Por suerte, la ciudad recupera la calma al llegar la noche, cuando los cruceristas regresan a los barcos y se puede volver a disfrutar de la auténtica esencia de la ciudad.

Y durante el día, si se quiere huir de las aglomeraciones, es recomendable visitar y pasear por el puerto de Gruž, situado en una gran bahía al oeste de la ciudad. En la época de la República de Dubrovnik (siglo XIV-1808), este era el lugar preferido de la nobleza. Por eso, no nos sorprende que la zona esté llena de antiguas y lujosas casas de verano que todavía permanecen allí. Vale la pena pasear tranquilamente por el puerto y contemplar los barcos, las antiguas casas y los diferentes tonos azules que nos brinda el mar.

Una parada indispensable es visitar el mercado callejero de la plaza Gundulic. ¡Toda una auténtica experiencia croata!

Más auténtico es el día a día en el mercado callejero situado en la plaza Gundulic, donde se venden desde recuerdos y artesanía local hasta puestos de verduras y de productos típicos de la tierra. Y por supuesto, no faltan los aceites procedentes de la península de Istria, de donde también llegan las cotizadas trufas blancas, quizás uno de los productos más buscados por los gourmets. Y es que ¡raro es el menú delicatessen que no lleve un plato con este manjar en su carta!

Otra opción para sibaritas habitual en los restaurantes de Dalmacia son las ostras. Proceden de Ston, un pueblecito cercano, situado a solo 50 kilómetros de Dubrovnik donde dicen que se encuentran las mejores ostras. Su fama se remonta a la época del imperio austrohúngaro, pues eran las preferidas de la corte vienesa.

Wikimedia

Una forma diferente de conocer la ciudad es a través de su arte y para verlo solo tenéis que acercaros al Museo de Arte Moderno de Dubrovnik (Umjetnicka Galerija). El museo se fundó en 1945 con el objetivo de reunir, conservar y exhibir las obras de arte modernas y contemporáneas de los artistas locales y los que están estrechamente relacionados con la ciudad.

La buena fama también acompaña a los vinos croatas. La tradición vitivinícola se remonta a los años del dominio griego y romano. ¿Qué tal una copa de tinto malvasía como cierre?

¡Descubre cómo sobrevivir en Dubrovnik!

Para más información puedes consultar la web de la Oficina de Turismo de Dubrovnik.

LAS CLAVES DE ESTA CIUDAD:

Un libro

Dubravka, un poema pastoral escrito en 1628 por el autor ragusino Ivan Gundulić. El poema habla sobre la gloria pasada de Dubrovnik comparando libertad y esclavitud, belleza y fealdad, verdad y mentira.

Un personaje

Ruđer Josip Bošković (1711-1787) fue un físico, astrónomo, matemático, físico y poeta que nació en Dubrovnik y creó una teoría sobre la estructura de la materia que fue esencial para el desarrollo de la física contemporánea.

Un lugar

El restaurante 360 º, ofrece unas vistas impresionantes de la ciudad. Una oportunidad para comer en su terraza y disfrutar de la harmonía del mar con la nostalgia histórica de las murallas que envuelven el casco antiguo.

Una canción

Más que una canción, la música klapa es originaria de Croacia y muy típica en la zona. Es una forma tradicional de canto a capela que sigue muy viva a día de hoy con el nacimiento de nuevas composiciones y la celebración de varios festivales.

Un plato

Como toda ciudad costera, los pescados y los mariscos tienen un papel importante en la gastronomía de la ciudad. Recomendamos probar la bouzara, un guiso de cigalas exquisito.

Una fiesta

La fiesta más esperada es la de San Blas, el patrono de Dubrovnik. Es una fiesta de origen religioso que se celebra cada 3 de febrero y se remonta al año 1190. Durante ese día se realiza una multitudinaria procesión que transcurre por el casco antiguo y en la que participa toda la ciudad.