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Café Procope

El primer café parisino y la primera heladería del mundo

londonconstant via Visualhunt / CC BY-NC-SA

El Café Procope es un testimonio indispensable de la historia de París. Fue el primer bar restaurante de la ciudad, tradicionalmente un café de artistas e intelectuales que sigue abierto, fiel a la propuesta creada en el siglo XVII por su fundador, Francesco Procopio.

Está considerado el primer café literario del mundo, donde se gestó la primera enciclopedia y la Declaración de Independencia de los Estados Unidos.

El origen del Procope se remonta al año 1686. Fue entonces cuando el siciliano Francesco Procopio dei Coltelli, saturado de las tascas y los cabarets franceses, decidió abrir un lugar elegante para los hombres refinados de la corte de Luis XIV. Situó el café en la calle Tournon y posteriormente lo reubicó en su dirección actual: el número 13 de la calle de la Ancienne Comédie. El Café Procope fue el primer establecimiento de París donde no se servía vino sino café, producto que en aquel momento empezaba a llegar desde Yemen a las grandes ciudades del viejo continente europeo.

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El Café Procope no sólo fue el primero en introducir el café en París, sino que se dice que también fue la primera heladería del mundo. La idea de Procopio, que consistía en acercar al pueblo los sabores más elitistas de Versalles, era una idea completamente revolucionaria para la época que permitió extender por todo el mundo la tradición de beber café y comer helados.

Procopio, su fundador, popularizó los sabores que se escondían tras los muros de Versalles.

De hecho, se cuenta que entonces ya se degustaban los helados en Sicilia, pero la primera persona en comercializarlos en un establecimiento fue Francesco Procopio. De ahí que se considere que el Procope es la primera heladería del mundo. Se dice que sus helados eran tan sabrosos que incluso el rey Luis XIV fue a felicitarlo en persona por su producto.

Sorbete, pudding de chocolate y tiramisú
domi-san via VisualHunt.com / CC BY-NC-ND

Pero la exclusividad del Procope no acaba ahí. Este establecimiento también fue pionero en abrir sus puertas a las mujeres, un derecho que no existía hasta aquel momento.

Café literario, revolucionario y romántico

El 1689 la Comédie Française se instaló cerca del café, con lo que ayudó a que se convirtiese en el centro neurálgico de críticos literarios, dramaturgos, filósofos y escritores.

En poco tiempo, el Procope pasó de ser el primer café literario del mundo a convertirse en el lugar de discusión política por excelencia.

Con el café y las largas tertulias se difundían libremente las ideas más revolucionarias. Así se convirtió en el punto de encuentro de los revolucionarios Robespierre, Danton, Desmoulins y Marat. Fue en el mismo café donde se presentó por primera vez el gorro frigio, símbolo de libertad durante la Revolución Francesa.

Un café pionero: el primero en abrir
sus puertas a las mujeres.

Con el tiempo, el Café Procope también se convirtió en el punto de encuentro de escritores románticos como George Sand, Alfred de Musset o Victor Hugo, realistas como Balzac, simbolistas como Théophile Gautier o decadentistas como Verlaine y Oscar Wilde. Incluso se dice que fue allí donde nació la idea de crear la primera enciclopedia, en una conversación entre Diderot y d’Alembert. Posteriormente, también se reunieron en el café Voltaire, Rousseau, Marmontel y el propio Benjamin Franklin. De hecho, cuenta la leyenda que fue allí donde el político norteamericano redactó el texto de la Declaración de Independencia de los Estados Unidos. En el café se conserva una placa conmemorativa donde se cita, entre otros, al político norteamericano.

Placa del Café Procope. Malinche via Visualhunt / CC BY-NC
Mesa de Voltaire y retrato de Procopio. Imagen de Travelsignposts
Sombrero de Napoleón. Imagen de Travelsignposts

Pero la historia del Procope no acaba aquí. Se dice que Napoleón Bonaparte, cuando todavía era un joven militar desconocido, dejó su sombrero en el Procope como fianza de pago porque no llevaba suficiente dinero encima.

Parada indispensable de los exploradores curiosos

Entrar en el Café Procope es un viaje en el tiempo. Está rodeado de espejos majestuosos y en él se respira solemnidad y elegancia. Al pie de una imponente escalinata que llega al primer piso, se puede ver una colección de autógrafos de Paul Auster, Paul Guth o Anthony Quinn, entre otras celebridades.

procope.com

Al subir por la gran escalera se descubren tesoros que sólo son accesibles para quienes reservan con antelación: la mesa original de Voltaire y el salón Rousseau. Todo está decorado con arañas de cristal, butacas de color salmón, paredes rojas y cuadros ovalados con personajes históricos, algunos con más de tres siglos de historia.

Para más información puedes visitar la pàgina web oficial del Café.