Bocados culturales

Aprende y disfruta: el arte, la música y las palabras nos permiten descubrir de dónde venimos para poder decidir hacia dónde vamos.

La señora Dalloway

Virginia Woolf (1882-1941). Escritora de novelas, ensayos, cartas y cuentos, y editora británica, fue una de las figuras más influyentes del modernismo literario del siglo xx. Durante el periodo de entreguerras, se convirtió en una persona clave de la sociedad literaria de Londres y fue miembro del círculo de intelectuales de Bloomsbury.

¿Por qué la elegimos?

Por ser una obra de temática actual que, después de más de noventa años desde su publicación, sigue siendo una fuente de inspiración para escritores y cineastas. Ambientada en la sociedad inglesa de 1923, la narración integra el contexto social de entreguerras que vive la protagonista a partir de los preparativos de una fiesta en su casa. Todo ello, desde una perspectiva subjetiva, expuesta desde el flujo de la conciencia o monólogo interior. La obra demuestra cómo podemos, explicando un único día en la vida de la protagonista, llegar a conocerla con tanta profundidad.

Portada del llibre
Virginia Woolf

"La señora Dalloway decidió que ella misma compraría las flores."

La señora Dalloway decidió que ella misma compraría las flores.

Sí, ya que Lucy tendría trabajo más que suficiente. Había que desmontar las puertas; acudirían los operarios de Rumpelmayer. Y entonces Clarissa Dalloway pensó: qué mañana diáfana, cual regalada a unos niños en la playa.

¡Qué fiesta! ¡Qué aventura! Siempre tuvo esta impresión cuando, con un leve gemido de las bisagras, que ahora le pareció oír, abría de par en par el balcón, en Bourton, y salía al aire libre. ¡Qué fresco, qué calmo, más silencioso que éste, desde luego, era el aire a primera hora de la mañana…! como el golpe de una ola; como el beso de una ola; fresco y penetrante, y sin embargo (para una muchacha de dieciocho años, que eran los que entonces contaba) solemne, con la sensación que la embargaba mientras estaba en pie ante el balcón abierto, de que algo horroroso estaba a punto de ocurrir; mirando las flores mirando los árboles con el humo que sinuoso surgía de ellos, y las cornejas alzándose y descendiendo; y lo contempló, en pie, hasta que Peter Walsh dijo: “¿Meditando entre vegetales?”—¿fue eso?—, “Prefiero los hombres a las coliflores”—¿fue eso? Seguramente lo dijo a la hora del desayuno, una mañana en que ella había salido a la terraza. Peter Walsh. Regresaría de la India cualquiera de estos días, en junio o julio, Clarissa Dalloway lo había olvidado debido a lo aburridas que eran sus cartas: lo que una recordaba eran sus dichos, sus ojos, su cortaplumas, su sonrisa, sus malos humores, y, cuando millones de cosas se habían desvanecido totalmente —¡qué extraño era!—, unas cuantas frases como ésta referente a las verduras.